Sabía muy bien lo que debía hacer. Era tan simple como apretar un botón.
Deseo de impermeabilidad. Elemento que contiene a otro. Impulso de curvarse
Equilibrio desbordante
Abrazo que intenta contener una filtración.
Entre lo escultórico y lo efímero, lo funcional y lo inestable, el recorrido propone una lectura abierta sobre cómo habitamos, protegemos o cedemos nuestros bordes.
“Para saber nadar, primero hay que saber flotar”.
Sofía Mendiondo parte de un deseo: impermeabilizar.
Un gesto que no solo protege, sino que también contiene. Como una tela que retiene lo que la intenta atravesar. Como un cuerpo que reacciona ante la pérdida.
La búsqueda de contención.
La disponibilidad para sostener(se), para ceder,
para recomponerse.
Una envoltura, una cápsula, una resistencia, un bloqueo. Una impermeabilización.
Una tensión constante entre el contenido y el continente, entre lo que da forma y lo que moldea.
A través de diferentes procesos, principalmente con el uso de textiles, membranas flexibles y estructuras que ceden ante el peso o la humedad, la artista investiga formas de contención, fallas, acumulaciones.
Su trabajo se construye desde la tensión entre defensa y entrega, entre caída y equilibrio.
No busca fijar una forma, sino registrar el instante en que se transforma: el temblor previo a ceder, el gesto mínimo que altera una estructura.
¿Qué significa sostener un cuerpo, una forma, una emoción, cuando todo está a punto de desbordarse?
¿Cómo se protege un cuerpo ante la mirada?
¿Cuál es la posición cuando se siente vulnerable?
Un ensayo sobre torcerse
y retorcerse para volver a orientarse.
Sobre lo que filtra, lo que se pierde,
lo que queda suspendido.
Sobre imágenes que intentan proteger.
Sobre formas que se quiebran y, al quebrarse, habilitan posibilidad
por casa espacio.














