LA OCA

Un puente entre Anna Floto y La Bobería, curado por casa espacio

Recorrido / travesía / territorio / camino / búsqueda

LA OCA nos sumerge en un camino donde convergen experiencias y trayectorias únicas. Cada paso del camino es un gesto hacia lo desconocido, un peregrinaje líquido entre territorios diversos que invitan a ser habitados. Donde el azar, el juego y la comunidad se entrelazan como brújula invisible, un recorrido colectivo que solo se completa cuando otrxs aportan las piezas que faltan. Jugar solx no es una opción.

Anna Floto y La Bobería entretejen sus prácticas como un diálogo entre la alquimia, lo social, lo onírico y lo lúdico. Mientras Anna construye puentes entre los ecosistemas humanos y naturales a través del dibujo y la pintura, hace referencia a las ornamentaciones de la ciudad que hoy decide habitar, La Bobería transforma el ‘desecho’ en una experimentación lúdica, otorgando nuevas vidas a lo descartado. En su búsqueda de generar territorios que podrían ser parte de una visión satelital o microscópica y donde capas y capas de materiales diversos dan alusión a placas tectónicas, atmósferas plastificadas nos encontramos con un lenguaje que desprende recorridos que se cruzan en el acto de habitar lo colectivo: el encuentro con el otrx, la experimentación compartida y la búsqueda de conexiones que reconfiguran lo que nos rodea.

Juntxs revelan que la creación es un territorio abierto donde lo incierto y lo posible conviven.

Este juego se compone de 63 territorios, cada uno representa una casilla compuesta de materiales únicos, texturas inigualables, una alquimia de desechos e interpretaciones de imaginario que no solo nos invitan a caminar, si no a detenernos, observar, habitar lo diverso y jugar. Cada territorio, construido desde la colaboración, es un punto de encuentro que abre puertas a nuevas formas de mirar y transitar este mundo.


La oca, ave migratoria, encarna el espíritu del viaje continuo, del transito entre orígenes y destinos. Su vuelo une territorios distantes, traza rutas invisibles que conectan geografías y disuelven fronteras. En cada migración, transforma los espacios que habita, dejando huellas efímeras que resuenan como símbolos de cambio y pertenencia.

Así, este camino repleto de juego nos invita a quienes lo atraviesan a reflexionar sobre el movimiento como una forma de habitar el mundo: mutable, compartido, en constante diálogo con lo que nos rodea, donde cada paso intenta contribuir a la creación de un

espacio común más consciente y transformador.